oficio
Corre machaca corre
“Corran, que viene la ley, corran”. “machaca” se voló. Pasó por entre la gente y se escondió detrás del bus de Boyacá Las brisas que estaba parado a todo el frente del local de teléfonos, pasando la acera. Se quedó quieto y pensó por un momento que sería suficiente para huir de la policía que salió por todos lados. De la esquina, por debajo, por arriba. Unos salieron de un camión, otros corriendo. Pero ahí de una, cuando pretendía pasar la calle, lo agarró uno de los tombos, el que estaba más cerca. Lo cogió del cuello, como se coge a un delincuente cuando se va a volar. Pero no le hizo daño, él sabe que si lo maltrata sale perdiendo. “Uno sabe que esto de la piratería es ilegal, pero uno tiene que buscar con que vivir”.
Desde que trabaja ahí, en el centro, en la cuadra de la Oriental con Ayacucho, a todo el frente de la iglesia de San José, a “machaca” lo han cogido ya tres veces. Pero la agarrada de esa tarde fue la peor de las todas. La mercancía que tenia en el momento, quedó perdida. CD´s, Mp3 y DVD´s todo.
Él empezó a vender por la situación económica que vive en la casa. No se puede quedar sin hacer nada y más con “la cucha” y su “mamita” echando cantaleta. Antes trabajó haciendo arepas de chocolo, y le iba bien. Luego en una comercializadora de PBC en bodega y vendiendo BonIce vestido de pingüino. Pero ahora sólo repite todas las tardes, relajado, parado en la acera: “videos. Cd´s. Películas a la orden”.
Los que se mantienen vigilando por esos lados son casi siempre los de espacio público, pero los que los joden de verdad a los catorce vendedores piratas que habitan todas las tardes, que trabajan y se rebuscan la comida en esa cuadra, son la ley. Hacen operativos constantes, casi siempre en las tardes, y ahí “el que se salvó corriendo, los otros pierden lo que tienen”.
Nombre, teléfono, dirección. El policía lo haló, lo cogió del cuello y la camisa y cuando lo tuvo bien quieto, lo soltó y lo dejó ahí parado. Lo requisó, lo miró y “machaca” pensó que lo iban a montar al camión, pero nada, sólo le arrebató la tabla llena de CD´s y le entregó un recibo -para ponerlo a disposición. “lo más teso es que ellos se quedan con toda la mercancía, y lo que no les gusta lo revenden a los mismos vendedores de por acá”.
Piratería, un gancho comercial
Fernando Henao, más conocido como “machaca”, trabaja de lunes a sábado en el mismo puesto desde que comenzó en este negocio a finales del año pasado. Es uno de los trabajadores del “Indio”, un “comercializador”, habitante del centro. El que ha vendido de todo, pero que el negocio de la piratería lo tiene estable. Fernando llega a las tres de la tarde. Almorzado. Se para, se sienta, mira, se ríe, habla y grita, así se la pasa todo el tiempo. Se va a las 8 y media o nueve. “Todo el día en el mismo trajín, vendiendo, corriendo, tirando caja y viendo niñas lindas”
“¿El CD de Rebelde? si madre, ¿si quiere se lo enseño?” se le arrima una señora que viene de paso. Echando el carretazo se gana a la gente. Uno que otro se arrima, pregunta y se va. Otros ni lo miran, otros lo ignoran, pero también hay unos que le compran. 1.500 pesos por CD vendido. Nada si no vende y menos si se los quita la ley.
El día que empezó a trabajar, llegó a la una. Le dieron la tabla, la mercancía y arranque, con susto, o tal vez resignación, ”machaca” aprendió mirando a los compañeros y haciendo lo mismo. La gente se le acercaba. Que cuanto vale. Que usted hasta que horas está. Que después vengo. Que nada de nada, así pasó toda la tarde. No vendió nada. No “bajó bandera”. No tuvo con que devolverse para la casa.
En ese negocio ganan todos. El que quema los CD´s, el surtidor, el patrón y los vendedores. Pero las que más se venden son las actrices de las películas porno. Son las estrellas, son las elegidas, son las escogidas. Son las más vendidas. Pero no están exhibidas en las tablas. Está prohibido, es un problema, es un delito, el centro también es visitado por niños. Los que las buscan, ya saben, preguntan y las compran.
Después del porno lo que más se vende son las películas nuevas, los vallenatos y el reguetón – a mi no me gusta el reguetón, sólo cuando uno está en la piñata- se ríe. “A mi me gusta es Willie Colón y Rubén Blades, la salsita vieja que trae buenos recuerdos y que aprendí a bailar”.
“Locos, locas, niños, niñas, pirobos, ratas y piratas. De todo pasa por aquí. Es una pasarela”. Una pasarela en medio de prenderías, chances, papitas y churros. Un lugar donde “machaca”, un bachiller, tecnólogo en sistema de frenos y vendedor, se rebusca la plata. No son suficientes las hojas de vida que se mandan, ni las ganas de trabajar, eso aquí no se valora o tal vez si, pero es imposible ayudar a tantos.
Lo cogieron del cuello como se coge a un delincuente cuando se va a volar. Lo pusieron a disposición y a asistir a unas audiencias, pero las cosas se quedaron así. Nada más. Hasta la próxima vez, que si no logra salir corriendo, volarse, coger calle abajo y perderse, vuelven y lo cogen. Le quitan otra vez la mercancía. Otra vez vuelve a perder el patrón. Y tal vez no corra con la misma suerte. Puede que se lo lleven. Puede que lo encarcelen. O quizás se lleven a otro. Al negro, al indio o a cualquiera.
“Corran, que viene la ley, corran”. “machaca” se voló. Pasó por entre la gente y se escondió detrás del bus de Boyacá Las brisas que estaba parado a todo el frente del local de teléfonos, pasando la acera. Se quedó quieto y pensó por un momento que sería suficiente para huir de la policía que salió por todos lados. De la esquina, por debajo, por arriba. Unos salieron de un camión, otros corriendo. Pero ahí de una, cuando pretendía pasar la calle, lo agarró uno de los tombos, el que estaba más cerca. Lo cogió del cuello, como se coge a un delincuente cuando se va a volar. Pero no le hizo daño, él sabe que si lo maltrata sale perdiendo. “Uno sabe que esto de la piratería es ilegal, pero uno tiene que buscar con que vivir”.
Desde que trabaja ahí, en el centro, en la cuadra de la Oriental con Ayacucho, a todo el frente de la iglesia de San José, a “machaca” lo han cogido ya tres veces. Pero la agarrada de esa tarde fue la peor de las todas. La mercancía que tenia en el momento, quedó perdida. CD´s, Mp3 y DVD´s todo.
Él empezó a vender por la situación económica que vive en la casa. No se puede quedar sin hacer nada y más con “la cucha” y su “mamita” echando cantaleta. Antes trabajó haciendo arepas de chocolo, y le iba bien. Luego en una comercializadora de PBC en bodega y vendiendo BonIce vestido de pingüino. Pero ahora sólo repite todas las tardes, relajado, parado en la acera: “videos. Cd´s. Películas a la orden”.
Los que se mantienen vigilando por esos lados son casi siempre los de espacio público, pero los que los joden de verdad a los catorce vendedores piratas que habitan todas las tardes, que trabajan y se rebuscan la comida en esa cuadra, son la ley. Hacen operativos constantes, casi siempre en las tardes, y ahí “el que se salvó corriendo, los otros pierden lo que tienen”.
Nombre, teléfono, dirección. El policía lo haló, lo cogió del cuello y la camisa y cuando lo tuvo bien quieto, lo soltó y lo dejó ahí parado. Lo requisó, lo miró y “machaca” pensó que lo iban a montar al camión, pero nada, sólo le arrebató la tabla llena de CD´s y le entregó un recibo -para ponerlo a disposición. “lo más teso es que ellos se quedan con toda la mercancía, y lo que no les gusta lo revenden a los mismos vendedores de por acá”.
Piratería, un gancho comercial
Fernando Henao, más conocido como “machaca”, trabaja de lunes a sábado en el mismo puesto desde que comenzó en este negocio a finales del año pasado. Es uno de los trabajadores del “Indio”, un “comercializador”, habitante del centro. El que ha vendido de todo, pero que el negocio de la piratería lo tiene estable. Fernando llega a las tres de la tarde. Almorzado. Se para, se sienta, mira, se ríe, habla y grita, así se la pasa todo el tiempo. Se va a las 8 y media o nueve. “Todo el día en el mismo trajín, vendiendo, corriendo, tirando caja y viendo niñas lindas”
“¿El CD de Rebelde? si madre, ¿si quiere se lo enseño?” se le arrima una señora que viene de paso. Echando el carretazo se gana a la gente. Uno que otro se arrima, pregunta y se va. Otros ni lo miran, otros lo ignoran, pero también hay unos que le compran. 1.500 pesos por CD vendido. Nada si no vende y menos si se los quita la ley.
El día que empezó a trabajar, llegó a la una. Le dieron la tabla, la mercancía y arranque, con susto, o tal vez resignación, ”machaca” aprendió mirando a los compañeros y haciendo lo mismo. La gente se le acercaba. Que cuanto vale. Que usted hasta que horas está. Que después vengo. Que nada de nada, así pasó toda la tarde. No vendió nada. No “bajó bandera”. No tuvo con que devolverse para la casa.
En ese negocio ganan todos. El que quema los CD´s, el surtidor, el patrón y los vendedores. Pero las que más se venden son las actrices de las películas porno. Son las estrellas, son las elegidas, son las escogidas. Son las más vendidas. Pero no están exhibidas en las tablas. Está prohibido, es un problema, es un delito, el centro también es visitado por niños. Los que las buscan, ya saben, preguntan y las compran.
Después del porno lo que más se vende son las películas nuevas, los vallenatos y el reguetón – a mi no me gusta el reguetón, sólo cuando uno está en la piñata- se ríe. “A mi me gusta es Willie Colón y Rubén Blades, la salsita vieja que trae buenos recuerdos y que aprendí a bailar”.
“Locos, locas, niños, niñas, pirobos, ratas y piratas. De todo pasa por aquí. Es una pasarela”. Una pasarela en medio de prenderías, chances, papitas y churros. Un lugar donde “machaca”, un bachiller, tecnólogo en sistema de frenos y vendedor, se rebusca la plata. No son suficientes las hojas de vida que se mandan, ni las ganas de trabajar, eso aquí no se valora o tal vez si, pero es imposible ayudar a tantos.
Lo cogieron del cuello como se coge a un delincuente cuando se va a volar. Lo pusieron a disposición y a asistir a unas audiencias, pero las cosas se quedaron así. Nada más. Hasta la próxima vez, que si no logra salir corriendo, volarse, coger calle abajo y perderse, vuelven y lo cogen. Le quitan otra vez la mercancía. Otra vez vuelve a perder el patrón. Y tal vez no corra con la misma suerte. Puede que se lo lleven. Puede que lo encarcelen. O quizás se lleven a otro. Al negro, al indio o a cualquiera.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home